YO TAMBIÉN ME COMPRÉ EL PACK COMPLETO.

YO TAMBIÉN ME COMPRÉ EL «PACK» COMPLETO

Es curioso observar desde fuera la gran aventura de vivir. Cuando estamos en pleno camino, rara vez detectamos nuestros propios errores; solemos creer que cada decisión es la mejor posible. Sin embargo, admito que ese camino hay que recorrerlo: solo la experiencia nos permite valorar lo que nos gusta y aprender de los fallos.

Hoy, cuando analizo a alguien que está sumergido en ese bucle, he cambiado mi forma de actuar. Ya no intento explicarle en qué punto está o cómo mejorar. ¿Por qué? Porque para esa persona, su realidad es la mejor opción posible. Decir la verdad suele sentirse como derribar un castillo de naipes, y a nadie le gusta que le pongan frente al espejo de su propia realidad; a veces, vivir contándonos mentiras nos resulta más cómodo.

Ahora, simplemente escucho. Observo cómo intentan venderme un modelo de felicidad que ni ellos mismos se creen. No es falta de interés; es que entiendo que, cuando ves a alguien cometer tus mismos errores del pasado, lo mejor es dejar que la vida haga su parte. Es la única forma de aprender de verdad.

El mito del modelo ideal

Yo también compré ese «modelo de vida plena» porque así me lo vendieron. Crecí respetando a los mayores que nos decían:

«Estudia, busca un buen trabajo, forma una familia, compra una casa grande, un buen coche y vive en la abundancia».

Pero, amigo mío, si sigues ese camino a ciegas, terminarás hipotecando tu libertad. Llegará un momento en que te encuentres en el ojo del huracán y, por miedo a perder lo que tanto te costó construir, decidirás seguir adelante a cualquier precio. El sentido de la propiedad te atrapará, haciéndote esclavo de cosas que ni siquiera son tuyas —porque si no son del banco, son de tu propio sin sentido—. Recuerda: al final del viaje, la última maleta solo va llena de recuerdos.

La trampa del Círculo del 99

Todos caemos alguna vez en el «Círculo del 99», un sistema que nos marca para siempre.

Cuenta la leyenda que un rey no comprendía por qué su sirviente era siempre feliz mientras él, teniéndolo todo, se sentía miserable. Su consejero le explicó: «Es feliz porque aún no ha entrado en el círculo». Para demostrárselo, dejaron un saco con 99 monedas de oro en la puerta del sirviente con una nota: «Para ti, por ser buena persona».

El sirviente, al contar las monedas, vio que había 99. En lugar de alegrarse por su fortuna, se obsesionó con la moneda que faltaba para llegar a 100. Empezó a trabajar de más, a vender su ropa, a escatimar en comida… Dejó de cantar, su alegría desapareció y su mal humor fue tal que el rey acabó despidiéndolo.

La zanahoria infinita

Estamos educados en un sistema que nos dice que la felicidad llegará cuando completemos el círculo. Siempre habrá una zanahoria que perseguir, algo pendiente, una moneda que falta.

¿Y por qué no entender que esas 99 monedas ya son el 100% de nuestro tesoro? ¿Por qué no aceptar que no nos falta nada y que las cosas están bien como están ahora?

Como bien decía Oscar Wilde:

«Solo hay dos tragedias en la vida: una es no conseguir lo que uno quiere, y la otra es conseguirlo y tener miedo a perderlo».


Julio Chaves


Especialista en Equivocarme para seguir aprendiendo .

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