Es verdaderamente curioso observar la vida fuera de órbita, ahí vas viendo como las personas se encuentran sumidas en esta gran aventura que es vivir. Y esto lo digo porque desde dentro y una vez estamos en el camino, es difícil ver los errores que vamos a cometer, y en ocasiones los reconoceremos a toro pasado. Es curioso pero siempre creemos que las decisiones que tomamos son las mejores, pues las tomamos desde nuestras creencias. También es cierto que el camino hay que recorrerlo para poder ver con claridad todo lo que encontremos a su paso, y así será posible valorar aquello que te gustó más, lo que no te gusto, lo que volverías a repetir, pero lo que es verdaderamente importante es aprender a aprender, analizar errores para aprender de ellos, para cumplir lo que se llama aprender de lo vivido y para ello debes de estar despierto en el momento presente.
Dicho esto cuando en algunos de mis análisis identifico que alguien está sumergido en uno de estos casos, he cambiado la forma de actuar, ya no le cuento en que punto se encuentra, como puede mejorar y cuales son las opciones, pues como he dicho antes. Para ellos es la mejor opción es la decisión que conocen y es la que les da confianza. Contarle verdad y llevarle a la realidad, es como tirar sus castillos de naipes y he podido comprobar que eso suele molestar, a nadie le gusta que le cuenten verdad, no nos gusta que nos pongan delante de nuestra realidad, y preferimos vivir contándonos mentira, pues francamente eso ayuda. Así que en estos casos, simplemente me dedico a oírles con atención, mientras veo como intentan venderme un modelo que ni ellos se compran.
Imagino que pensarás que no me interesa, pero nada más lejos, el problema es que aquí no hay nada que hacer, y posiblemente se sientan incómodos, y la verdad es, que cuando ves a alguien transitar por el mismo camino que ya has recorrido, hacer exactamente lo mismo que tú, y sabes cual será el final, es mejor contemplarlos todo llenos de ilusión, para dejar que la vida haga el resto, pues es la única manera de que aprendan. En una ocasión alguien muy querido me dijo que nadie aprende con mal ajeno y tengo que reconocer que es muy cierto.
El modelo de vida a seguir para tener una vida plena y completa, yo también lo compré, porque así me lo vendieron, pero nada más lejos de la realidad, siempre recordaré a esos mayores a los que mi generación solíamos respetar con cierta admiración, y que solían decirnos:
– ¡¡Estudia una carrera o especialidad, búscate un buen trabajo, forma una familia, cómprate una buena casa grande, cómprate un buen coche y vive una vida en abundancia!!.
Pero amigo mío si de verdad quieres hipotecar tu libertad, puedes seguir por ese camino pues llegará el momento en que sin darte cuenta te encuentres en el ojo del huracán de tu modelo de vida, y es cuando por temor a perder todo por lo que luchastes, decidirás que es mejor seguir adelante, además te podrá el sentido de la propiedad y queriendo conservar todas tus posesiones, para no renunciar a nada de lo que tengas, hipotecándote por todo aquello que ni tan si quiera es tuyo, pues si no es del banco es de tu propio sin sentido. Has de saber que cuando pliegues la servilleta todo se queda aquí, pues la última maleta solo va llena de recuerdos.
Bien, todos algún día caemos en el llamado círculo del 99, el problema es que una vez dentro de éste , ya no sales jamás, ni tampoco volverás a ser la misma persona, el círculo del 99 te marca para siempre, y para siempre es mucho tiempo.
Dicen que hubo una vez un rey que se sentía molesto porque su sirviente siempre estaba feliz, y él eso no lo entendía porque él se sentía el ser más infeliz del reino, aún teniéndolo todo.
Un día le preguntó al sirviente el porqué de su felicidad, y éste le contestó que no tenía ningún motivo para no serlo, el rey enfadado le dijo que se marchara antes de que le mandara a degollar, a la noche le preguntó a uno de sus consejeros, ¿cual era el motivo de la felicidad de su paje?, pues no lo entendía, le pagaba mal, le hacía trabajar muchas horas y comía de sus sobras.
El consejero le contestó, que esto era porque aun no estaba dentro del círculo. El rey le preguntó con mucha intriga, de qué círculo hablaba. Y sabio le respondió que era el círculo del 99, y el echo de no pertenecer a éste, ya le hacía feliz.
El rey entonces le propuso al consejero como podía hacer para empujarle dentro de aquel círculo para así arrebatarle su felicidad.
Y el consejero le contestó que no se puede empujar a nadie a entrar en éste, sencillamente había que dejarlo entrar. El rey lleno de intriga le preguntó de que manera, y el sabio consejero, solamente le pidió que le esperara a media noche cerca de la casa de su paje con un saquito con 99 monedas de oro.
A la media noche los dos se encontraron y el consejero colgó en la puerta de la casa del paje aquel saquito con las monedas de oro, golpeando la puerta y dejando una nota que decía:
– Ten estas monedas de oro por buena persona y para que seas más feliz.
El paje entonces abrió la puerta, vio el saquito, miro a ambos lados de la calle, lo cogió y entró rápido a casa cerrando la puerta con todo los cerrojos. Una vez dentro y ya más tranquilo, vació el contenido encima de la mesa y no podía dar crédito!!, leyó la nota y pasó rato contemplando aquellas monedas. Cuando se cansó, comenzó a hacer montoncitos de 10 monedas, y cuando acabó, pudo ver que uno de aquellos montones no estaba completo, buscó aquella moneda por todo sitio sin éxito y entonces enfadado, pensó que alguien le había robado.
Poco después ya convencido de que no estaba la moneda pensó que el 99 era un número incompleto y que había que hacer algo para conseguir esa moneda que faltaba. Así que pensó en trabajar más horas, o en vender la comida que le daba el rey de sus sobras, o vender la ropa que no usaba. El caso que desde aquel día, ya no era el mismo, no cantaba, no tenía la alegría de antes, y además siempre estaba enfadado y tenía malos gestos con el rey.
El rey terminó despidiéndolo por su mal humor y nunca, nunca más se supo nada de él.
Quizás no lo veas pero tú, yo y todos nosotros, estamos educados en este sistema en el que si no tenemos eso que nos falta, no seremos felices, en el que la felicidad llegará cuando completemos el círculo, pero tienes que saber que siempre andamos en la búsqueda de aquello que pensamos que nos hará feliz, siempre habrá una zanahoria que perseguir y siempre faltará algo para completar las 100 monedas, ya que siempre habrá algo pendiente de obtener dentro de tus objetivos, sean profesionales, personales o materiales.
Pero ¿porque no?, ¿porque no entender que quizás las 99 monedas es el 100% de nuestro tesoro?, y ¿porque tiene que ser más completo el número 99 que el 100?, porque no pensar que no nos falta de nada, y que todo está bien como está, que nada está incompleto porque las cosas son como son y están bien así como están ahora.
Y es que amigo lector solo hay dos tragedias en la vida, una consiste en no conseguir lo que se quiere, y la otra es precisamente conseguirlo y temer a perderlo. ”Oscar Wildes.”
Julio Chaves
Especialista en Finanzas personales.

